Presentación en el Templo


 

 

LA PRESENTACIÓN DE LA NIÑA MARÍA EN EL TEMPLO

“Las Hermanas de la Presentación tienen por Madre y Patrona a la Virgen María quien a la edad de tres años se consagró enteramente al Señor y escogió por herencia a Dios Solo” (Directorio LVI).

“María no tenía sino un año; Joaquín dijo a su fiel compañera: “conduzcámosla” al Templo para cumplir el voto que hemos hecho al Señor. Ana le respondió: “Esperemos más bien que Ella cumpla sus tres años, cuando no tenga tanta necesidad de su padre ni de los cuidados de su madre…”  “Está bien dijo Joaquín…” Llego el momento solemne. Ana y Joaquín reunieron a las jóvenes de su tribu y se dirigieron hacia el Templo del Señor. No llevaban ni cordero ni paloma, pero iban a ofrecer a aquella que debía concebir al Cordero de Dios para la Redención del mundo, la mística paloma de los jardines del cielo. Cuando los peregrinos llegaron al umbral del pórtico, la Virgen pequeñita, subió sola las gradas, con paso firme y seguro”. (Protoevangelio de Santiago). 

“María ofrecida así a Dios por sus santos progenitores y presentándose por sí misma, fue conducida en medio de jóvenes vírgenes de sus edades para ser educada a la sombra apacible del Santuario…” 

Los autores de la vida espiritual encuentran aquí tres grandes méritos que fluyen de la Presentación de la Santísima Virgen. ¡En este misterio hay de parte de María el mérito de la diligencia más apremiante, puesto que presurosamente viene a ofrecerse a Dios! En la Presentación vemos el mérito de una generosidad completa, porque María va a inmolarse en el Templo diciendo al Señor:” Yo viviré para Vos solo y para Vos solo moriré. Ella se entrega enteramente, deja a su padre y a su madre y dice un eterno adiós a todas las alegrías terrenas. 

El tercer mérito es el de una fidelidad inviolable. María sube de virtud y nunca desmiente su exactitud a sus deberes ni un instante. (Reflexión tomada de una impresión tipográficas S.XVIII, Bounard et fils). 

Ciertamente: lo que no consta en el Evangelio es apócrifo. Pero no consta que lo es apócrifo, sea falso. Tampoco se afirma que todo ello sea verdad. ¿Tienen entonces algún fundamento?

“En este día de la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca al Templo de Jerusalén, celebramos junto con los cristianos de Oriente aquella dedicación que María hizo a Dios de su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba en su inmaculada concepción. (Ref.Jean Marie Salgado O.M.F)” 

La basílica de Santa María la Nueva erigida por Justiniano I en la proximidad del Templo de Jerusalén, posiblemente en los vecinos lugares de la habitación de María. En el siglo IV se habla en Oriente de la celebración de la fiesta de la Presentación. En el siglo IX solamente se encuentra en Occidente el primer dato de conocimiento de la presentación y ello en monasterios griegos del sur de Italia; pasó luego a Inglaterra en el siglo XI y en el XIV se tiene noticia de su celebración en Roma. De regreso de la tercera cruzada, Philippe de Maziéres encuentra la sede papal en Avignon, el Papa Gregorio XI recibe entonces de aquel embajador un ejemplar del oficio de la fiesta usado por la Iglesia Griega. Después de los siglos es conocido por el Emperador Carlos V y él lo impone en todos sus dominios. La Iglesia Latina no lo había adoptado hasta entonces. 

El Papa Sixto V en el siglo XVI lo establece para la Iglesia Universal. Finalmente, en el año de 1602 con Clemente VIII la celebración se eleva a rito. Hubo una tentativa de supresión con Benedicto XIV ya a finales del siglo XIX. 

No está sin fundamento la creencia de la Presentación de María en su más tierna edad. Una inscripción encontrada en el lugar del Templo de Jerusalén traduce esta afirmación”. 

“La Virgen acompañada de siete jóvenes doncellas fue ofrecida a la edad de tres años para servir a Dios2. (Ref. P Raimondo Spiazzi O.P. María presentada en el Templo).

La raíz de este hecho era bien profunda y se encontraba en la tradición de la liturgia bizantina de los primeros siglos. Juntamente con estos datos, está la “leyenda de María” con procedencia del texto apócrifo del Protoevangelio de Santiago. ¿Recogen la verdad histórica estas afirmaciones? Nada lo comprueba así, aunque por ellas pasa muy sutilmente un sentido unánime de la presencia de María en el Templo.

Entre estas puntuaciones cronológicas está en el siglo XVII en Francia, en donde estuvo la sede papal. La espiritualidad de la época alimentada con la escuela beruliana, deja constancia en la Iglesia, en sus manifestaciones doctrinales, del acento que se pone en la vida consagrada, en la espiritualidad de la consagración total a Dios, cuyo modelo perfecto es “el misterio de la Presentación de María.” 

Las circunstancias de la presentación, como hecho histórico, cierto o no, permanecen sin embrago como puntos de vista, para el misterio que la constituye “misterio de la Presentación,” desde luego no ha de ser anécdota simple u orquestada, sino realidad espiritual que relacionando a Miraría con el Templo, descorre un velo tras el cual se presiente la presencia del Verbo Encarnado. Estos elementos se resumen en la ofrenda, la consagración… 

Las prácticas religiosas de Israel suponían una dedicación de vida a Yahvé. El pacto era la verdadera circuncisión del corazón: “Tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios” (Ex67; Lv26,12). En esta alianza se fecunda totalmente la razón de pertenencia total que tanto Dios como Israel continúan reivindicando a lo largo de su historia. De modo que en esta perspectiva no sólo el varón, sino la mujer, eran por primogénitos, una primicia y, por tanto, pertenecían a Dios. 

La vinculación al Templo se tenía de muchas maneras; el varón pertenecía al Templo, para atender a muchos menesteres: el rescate u ofrenda sustitutiva no invalidaba la ofrenda, pero remitía al primogénito al momento mismo de su conciencia personal. El niño Samuel estaba en el grupo de los que cumplían en el Templo el oficio de vigilancia sobre el Tabernáculo; no tenía su lecho muy lejos del Sumo Sacerdote; otros varones desempeñaban otros oficios: aseo, culto… 

La profetisa Ana vivía en el Templo hacía muchos años vinculada a los trabajos propios del Santuario y apartada de los suyos domésticos. Había pues viudas, jóvenes, y niñas que por éstos y otros cuidados permanecían en el Templo: había que bordar, hailar, tejer…  ¿No pertenecen al culto las ornamentaciones sacerdotales, manteles, cortinas? Y aún más: ¿una determinada educación sobre la ley, el sentido de Dios y las prácticas levíticas rigurosamente asimiladas, no determinaban una permanencia? Pero además de estos detalles que ayudaban a la caracterización de una sicología del Templo, se puede sin forzar la perspectiva, detectar en la permanencia de María en el Templo la señalación de un designio divino; por algo María es un tipo de Israel… y Yahvé tiene la iniciativa de todo; conviene al Templo, cobijar anticipadamente el Templo Vivo del Espíritu Santo. La condición de la esclava del Señor requiere una formación que no programa la historia de su llegada al Templo, pero que insinúa la ley del Templo… allá se está en servicio; y más aún se configura el misterio: el Velo del Templo Nuevo, será tejido en los esponsales de la Encarnación y ese Velo será la Virgen María: ¡tálamo, esposa y amor…! “ 

Cuando la Niña tuvo tres años Joaquín dijo: llamen a las niñas hebreas de raza pura y que cada una lleve una lámpara que no se apague. La niña no deberá tornar a otro a otro lado; y su corazón no se fijará en nada fuera del Templo de Señor. El sacerdote acogió a la Niña y la presentó en sus brazos. La bendijo diciendo:

“El Señor ha glorificado tu nombre por todas las generaciones. El en el último día revelará en ti, la redención que concedió a los hijos de Israel…” Hizo sentar a la niña en la tercera grada del altar. Y el Señor hizo descender sobre Ella, su gracia. Y levantándose en sus pies, se puso a danzar, frente a toda la casa de Israel. Los padres regresaron del Templo llenos de admiración y alababan a Dios. La Niña no había vuelto la cabeza… María habitaba en el Templo del Señor como una paloma” (Protoevangelio de Santiago). 

Podemos leer este relato sobre otra clave: 

María elige también al Señor: lo ha conocido, lo ha amado, ha buscado su rostro. 

Toma por sí misma una decisión con libertad y madurez.

Se sabe un “ser ofrecido a Dios”; ese ser es siempre joven; esa es su virginidad. 

María exulta de alegría: se inicia el Magníficat; todas las generaciones la llamaran “feliz”. 

María se sitúa en la vía de servicio de Dios es la humilde sierva. 

En la realización de estas señales se visibilizan el “misterio de la Presentación”. 

Tomado del libro: Espiritualidad de la Presentación de la Santísima Virgen María  (H. Margarita de la Encarnación) 

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