Templo, María y Presentación


 

Las tres palabras: TEMPLO, MARÍA, PRESENTACIÓN corresponden a las tres realidades espirituales de un misterio. La intimidad más inalcanzable para la mente es precisamente la causa misma del hecho misterioso, referido totalmente a la Virgen María y con fuente en la especialísima dilección divina. 

“Yo te he llamado por tu nombre tú eres mío” (Is.43,4) 

Entrando muy cuidadosamente en esta intención de Dios declarada por el profeta, no es extraño relacionar ésta, con otras que también significan nombre: abandonada, desolada, favorita, complacencia. Ahora: “mía…” No es un genitivo gramatical que simplemente denote pertenencia; no… Yo sé tu nombre… te llamas “mía”. Es el caso único, consagratorio y solamente posible porque lo realizó Dios. Esta “mía” es María. 

¿Qué extraño es pues dentro de este indicio del misterio evocar a María envuelta en él? Toda esta luminosidad recae en la espiritualidad de la fundación de Marie Poussepin en la cual se hunden los tres puntos de apoyo: 

El Templo, como dimensión universalizada de la caridad.

María, como presencia que da resonancia a la inefable presencia de Dios.

La Presentación, como gesto y camino de consagración de la existencia que como la de María tiene también su nombre en la boca de Dios. 

Tomado del libro: Espiritualidad de la Presentación de la Santísima Virgen María  (H. Margarita de la Encarnación) 

 

 

 

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