Bogotá. D.C. Noviembre 25 de 2018

Días antes de venir, la Hna. Nilsa Marrero Caro, Superiora de la Provincia El Caribe nos decía: ahora que van a vivir la experiencia de estar en otra provincia van a saber lo que es la fraternidad, en verdad ha sido así, estar aquí ha sido estar en casa.

Recordamos que una tarde entre nosotras comentábamos: “¡cómo se quieren estas hermanas!”. Son incontables los momentos en que se ha hecho concreto este sentimiento de familia, a pesar de lo poco que hemos estado aquí: las historias de la Hna. Aura Inés, aquel día de oración comunitaria en que conocimos a tantas Hermanas de la provincia, la tarde en el colegio Sans Façon con la Hna. María de Jesús (cuya fortaleza es increíble, un aprendizaje), la visita a la comunidad de Altamira y al postulantado con la Hna. Yolanda Pérez (allí nos relató su experiencia misionera en San Vicente del Caguán), el funeral de la Hna. Leonor Millán (los testimonios de cada hermana sobre su vida, su cariño hacia ella nos hizo parte del sentimiento común), y simplemente cada noche en la sala de comunidad, que fue escenario de historias de misión y vocación, como olvidar nuestras tertulias con la Hna. Claudia y con la Hna. Esperanza hablábamos de la Congregación, de la experiencia, de nuestra visión de las cosas, la verdad faltaría mucho por contar y a muchas por nombrar, poco a poco en la cotidianidad de cada día nos fuimos sintiendo comunidad.

Otra parte que nos ha marcado ha sido el venir de Venezuela en estos momentos de crisis, es una experiencia de contrastes, hemos vivido el proceso de transformación que ha sufrido en pocos años nuestro país y sabíamos de la realidad de los inmigrantes venezolanos, pero ver a nuestros hermanos rebuscándose el pan de cada día es doloroso, y por más que lo veamos no hay modo de acostumbrarse. Estamos lejos y en buenas condiciones, cuando creemos y sentimos que deberíamos estar allí, son sentimientos encontrados. Viene a nuestra mente el Salmo 136, con el salmista añoramos la libertad de nuestro pueblo venezolano. Realmente el motivo de la estadía en Bogotá era nuestra legalización en Colombia, pero hemos constatado lo que nos decía la Hna. Luz Marina Socha, ha sido una verdadera experiencia de formación, lo sentimos como un paso más en el conocimiento de la Congregación en la que nos vamos entregando a Jesucristo.

No podemos olvidar a nuestra compañera por doce días, Marierka Santana, novicia de la provincia de Santafé, ha sido un ángel con nosotras en todo sentido, recordamos esos roles preconciliares de “alma” y de “ángel” de los que hablan las Hermanas mayores, de ella hemos aprendido, con ella hemos reído, y su testimonio de experiencia en el noviciado nos ha hecho acrecentar nuestros deseos de llegar e iniciar nuestra propia experiencia, y eso que el deseo ya era mucho.

Pronto iniciamos nuestra etapa de Noviciado, y como decía la Hna. Nícida Díaz, nuestra encargada de postulantes, todo lo que recibimos y lo que recibiremos es para la gente que nos espera, entre esa gente también están nuestras Hermanas de Congregación, y este comienzo con el paso corto por la provincia de Santafé ha sido una riqueza. Damos gracias a la providencia de Dios y a sus mediadores: la provincia de El Caribe que nos entrega la confianza al enviarnos y a la provincia de Santafé con su gobierno que nos acoge. Llevamos en el corazón muchos recuerdos y experiencias,nos sentimos ahora parte de esta provincia y con ello más Presentación. Muchas Gracias.

Postulantes: Betania González, Sandra Velasco y Bárbara Martín

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