La Iglesia Católica, en su sabiduría, nos invita a vivir la Cuaresma buscando la renovación hacia la Pascua. Dios, por el profeta Joel nos da dos puntos básicos para iniciar una buena Cuaresma: Conviértanse a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto y con luto. Y el Evangelista Mateo nos invita a la oración, el ayuno y la limosna (Mt.6). La invitación a la conversión con base en la oración es, en esencia, ver cómo está nuestra relación con Dios, que constituye un diálogo franco y sincero con el Señor, diálogo que se acrecienta con la práctica de los Sacramentos, en especial la Celebración Eucarística y la limosna que, según la expresión griega quiere decir: piedad, compasión, misericordia. Si la oración nos lleva a revisar nuestra relación con Dios, la limosna nos lleva a revisar nuestra relación con los demás y el ayuno, que no es solamente la abstinencia de bebidas y alimentos, nos permite entrenar el corazón para depender solo del Señor. Según el profeta, Dios nos invita a regresar a Él con ayuno, porque el ayuno, nos conduce a la libertad espiritual (Is. 58). El ayuno rompe yugos y el primer beneficiado es el que ayuna. Por tanto: Oración: revisión de mi relación con Dios, limosna, revisión de mi relación con los demás y ayuno revisión de la relación conmigo misma.

Al aproximarnos a la vivencia de esta nueva Cuaresma, la invitación del Señor es a seguir sus pasos; a apropiarnos de la misericordia y bendiciones que esta trae consigo. La vivencia de la Pasión de Jesús debería mostrarnos un camino para lidiar con aquello que hoy nos crucifica, porque así entenderíamos mejor lo que la Redención significa para nosotros y cómo ella transforma nuestra vida. La liturgia nos inserta en un camino espiritual personal que marca suficientemente la vida. ¡Cómo celebrar una Semana Santa que nos santifique y nos sane…! ¡Así mientras celebramos la liturgia y meditamos interiormente, ocurre nuestra Redención y nuestra transformación...! Unas líneas sencillas para este Año de Gracia, nos invitan a esta preparación.

Es un hecho que, por distintos caminos podemos experimentar la fuerza transformadora y curativa de la Pascua. Recordemos, por ejemplo, el camino de la Cruz que nos marca el Viacrucis, con el paso a paso de la Pasión del Señor. Jesús sabe llegada su hora y se pone en las manos de su Padre, a través de una oración intensa en el Huerto de los Olivos, de donde, traicionado por uno de sus discípulos inicia un camino de vejación y torturas que El asume por nuestra salvación. Tres caídas con la cruz a cuestas nos dicen de su amor hacia nosotros los redimidos, pero también de la lección de fortaleza que nos gana para cuando nosotros tengamos que levantarnos de nuestras caídas. En medio del desamparo y la tortura del camino se encuentra con la Verónica que le muestra su compasión y con el Cireneo que lo apoya ayudándole a llevar la cruz, camino del Calvario. Pero es, sobre todo el encuentro con su Madre Santísima quien, a su lado asume con Él, como Corredentora, el sendero, el camino hacia el gran sacrificio. El recorre el camino del dolor, la humillación y la tortura para que nosotros, fortalecidos por El, aprendamos a recorrer el nuestro y, convertidos, sigamos tras sus huellas y, como dice Anselm Grün, la vía dolorosa es buen camino porque nos llena de esperanza y confianza para lidiar con nuestras propias estaciones de dolor interior y exterior, para no rendirse y retomar el camino de Jesús, con la conciencia de que, también nuestro camino, más allá de la cruz, conduce a la Resurrección.

De otra parte, si consideramos el mensaje en las siete Palabras de Jesús en la Cruz, también éste nos acerca al gran Misterio Redentor, mostrándonos, de partida, el gran amor manifestado por nuestro Salvador: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, primera expresión de misericordia que le permite al pecador entrar con el mismo Salvador al reino der los cielos: Condenado a la muerte en cruz, el denominado “buen ladrón” va al suplicio merecido y, al hacer conciencia de su condición real de malhechor logra acceder a la misericordia de Dios…! ” Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Cuántas veces, también hoy, el Señor nos habla en los momentos difíciles para decirnos que no estamos solos, que Ella siempre está ahí… “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado”? “Tengo sed…” “Todo se ha cumplido” …! ¡Sí, todo está consumado, ha derramado la última gota de su sangre, sólo resta la respuesta de la humanidad…!

El grito de Jesús en la Cruz es un grito de victoria sobre el poder de la oscuridad para permitirnos actualizar su gran amor en nuestras vidas y apropiarnos su copiosa Redención. Con su Pasión, el Señor reúne todo lo que se ha roto y desgarrado y le da armonía, permitiéndonos actualizar su gran amor en nuestras vidas y apropiarnos su copiosa redención. Por tanto, que este caminar con Jesús cambie nuestros dolores en resurrección, nuestras oscuridades en luz, los problemas y dificultades en esperanza. ¡Alegre y generosa Cuaresma 2019...!

H. Elvira Carrillo Romero

Eventos

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Leer más