Para Dios todo es posible en María. Ella es la elegida, la llena de gracia, la morada del Señor. Es la Madre del Hijo de Dios. La concepción de Jesús en María es el efecto y la expresión del amor perseverante de Dios. Es una alianza instaurada por el poder del Espíritu Santo en el amor y la fe.  Misterio en el cual María recibe sin reserva la Palabra eterna del Padre. Ella, anima a la Iglesia en el don de la perseverancia.

1. María nos ayuda a alcanzar el don de la perseverancia  

 La perseverancia es una gracia tan grande que nos viene de Dios. Esta perseverancia hay que pedirla todos los días para conseguirla. Ciertamente obtendremos la perseverancia, si con confianza la pedimos siempre a María.Ella nos enseña a perseverar en la vigilancia de nuestros actos y en la oración para tener la fortaleza espiritual y estar firmes en la fe. ”Velad en todo tiempo, orando para que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre.” Lc 21, 36  

2. María es nuestro apoyo para perseverar en el bien 

La Iglesia siempre ha tenido la confianza en la protección y auxilio de la Virgen María. Toda persona que tiene y expresa su devoción a María, se siente con esperanza, porque cuenta con su compañía permanente en el camino de su vida. El creyente que confía en la Virgen María consolida su vocación en el amor por Dios, por sí mismo, por los hermanos y por la creación entera. Ella, es la Madre de Jesús, Él, es el gran Bien para la humanidad. Razón por la cual ella, nos inspira y apoya para perseverar en el Bien. María nos enseña a creer que siempre se cumplen las promesas del Señor. 

3. María garantiza la perseverancia 

En el Magníficat, María dijo “El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, ¡Santo es su nombre!, su misericordia dura por toda la eternidad”. Ella nos revela los misterios del Padre, se alegra de estar al lado de los humildes y de gozar de la plenitud de los santos. María está atenta a escuchar a sus devotos para librarlos de caer en la tentación, para ayudarlos a salir del pecado y animarlos a retomar la gracia de Dios. 

Es claro que María garantiza nuestra perseverancia en la fe, la oración, la esperanza y la caridad. Como en las Bodas de Caná, María pone nuestra necesidad ante Jesús, “no tienen vino”. Por su intercesión “Todo lo podemos esperar” IP. 

4.  María y su ayuda imprescindible 

Dejémonos impregnar del testimonio de la espiritualidad mariana de san Bernardo (Abad): “Hombre, quien quiera que seas, ya ves que en esta vida más que sobre la tierra vas navegando entre peligros y tempestades. Si no quieres naufragar vuelve los ojos a esta estrella que es María. Mira a la estrella, llama a María. En los peligros de pecar, en 

las molestias de las tentaciones, en las dudas que debas resolver, piensa que María te puede ayudar; y tú llámala pronto, que ella te socorrerá. Que su poderoso nombre no se aparte jamás de tu corazón lleno de confianza y que no se aparte de tu boca el invocarla. Si sigues a María no te equivocarás del camino de la salvación. Nunca desconfiarás si a ella te encomiendas. Si ella te sostiene, no caerás. Si ella te protege, no puedes temer perderte. Si ella te guía, te salvarás sin dificultad. En fin, si María toma a su cargo el defenderte, ciertamente llegarás al reino de los bienaventurados. Haz esto y vivirás”. Libro de San Alfonso María de Ligorio. 

  

H. Rosa Elvira Pardo Garavito 

  

 

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