Hoy el Santo Evangelio de San Mateo nos trae una bella reflexión que de entrada sería bueno pensar un poco en la forma en como nosotros nos presentamos a nuestro Padre cuando oramos, cuando entablamos esa conversación íntima con Él. Es preciso revisar cuanto amor y cuanto odio llevamos en nuestros corazones hacia nuestros hermanos, porque no será lo mismo orar cuando tenemos algún resentimiento hacia alguien que orar cuando hemos trabajado el perdón.

¿Qué clase de cristianos seríamos al orar a Dios implorando por nosotros? Y luego continuar llenando de odio y rencor nuestros corazones, o peor aún, ¿Qué clase de ofrendas estaríamos haciendo a Dios si guardamos rencor? Sería como ofrecer un regalo lleno de veneno, es necesario limpiar nuestros corazones de malos sentimientos, a alivianarnos un poco.

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