Jesús nos advierte que en nuestras vidas proclamar su nombre puede traernos algunos problemas, porque bien sabemos al mal no le agrada el bien, por eso es precio poner en práctica dos virtudes para saber manejar este tipo de situaciones, la sagacidad y la sencillez, siendo la primera la que nos permite comprender dónde se encuentra el peligro inminente, donde podemos pedir a Dios sabiduría para ver los engaños del mal consejero y ayuda para librarnos de sus redes.
Mientras que, la sencillez es contraria a la ambición dañina que nos lleva a querer más siempre y nunca estar conformes con lo obtenido, mientras que, la sagacidad es aquel sentido que nos advierte cuando algo no está bien o nos conducirá hacia un lugar que no nos traerá nada bien.

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