Todo lo que Jesús hace despierta los comentarios de las personas, pero Jesús quiere llevar todo aquello con sumo hermetismo, pero todo esto llega a todos lados y las personas desean ser sanados de todo lo que les aflige, Jesús para la humanidad perdida y doliente es como el médico que sana todo, tanto es que incluso los mismos espíritus malignos lo reconocen “Como el Hijo de Dios”.
La cuestión es, que Jesús no quiere que los espíritus malignos lo reconozcan así, el desea que ser reconocido por la fe de las personas, porque solo el que le siga hasta el final podrá conocer la gracia y el amor de Jesús.
Queridos hermanos, podemos hacernos la siguiente pregunta, ¿cómo nosotros reconocemos a Jesús en nuestras vidas? ¿cómo una persona que solo hace milagros? ¿cómo el enviado de Dios como nuestro salvador?
En el evangelio de hoy aparece la cuestión del sábado. Según la ley judía muchas cosas no se podían hacer en sábado, que era el día más dedicado al Señor.
Jesús para hacerles ver hasta dónde llega el sábado y sus prohibiciones, les plantea una pregunta: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?”.
En la actualidad para entender que podemos hacer y que no, los sábados, tal y como lo anuncia Jesús en el Evangelio de hoy es hacer siempre el bien y nunca mal, esto también aplica para todos los días de la semana.
Los discípulos de Jesús al pasar por un sembrado han arrancado una serie de espigas en sábado para abrirse camino, lo que provoca el juicio por parte de los fariseos. Es preciso recordar que el sábado era un día sagrado y digno de santificar.
Mientras los fariseos hacen una interpretación literal y rigorista de la Ley, Jesús introduce un criterio de discernimiento cargado de novedad recurriendo como buen Maestro a la misma Escritura para presentar sus argumentos.
Pero en el obrar de Jesús no hay ley de Dios que sea verdaderamente divina y pretenda atentar contra la vida o la dignidad del hombre y la mujer.
Hoy podemos interpretar el Evangelio como que los seguidores de Jesús, entonces, ahora y siempre, necesitan, necesitamos, vivir, expandirse como haría un vino joven y vivo, que fermenta.
Nosotros como seres humanos, tendemos a involucrar la vida espiritual como algo que debe ser fresco y vivo, y cuando sentimos que caduca ese sentimiento el resultado es que los odres revientan porque no pueden aguantar la presión y a veces desfallecemos, pero el odre se vacía, porque no puede, o no quiere, adaptarse al progreso, es decir, reconocer que los cambios en nuestras vidas son esenciales para nuestro crecer espiritual y la purificación de nuestras fallas es importante, por eso es de sabios saber cuando caducan ciertas cosas en nuestras vidas para darle paso a lo nuevo que nos acercará mucho más a Dios.
Está Jesús en Cafarnaúm predicando la Palabra de Dios y la gente va a escucharlo, pero Él permanece imperturbable ante la situación.
Cuenta el Evangelio de San Marcos que le traen a un paralítico, es una escena que se relata en los tres evangelios sinópticos. Cabe destacar que la gente quiere acercarse a Jesús por cualquier medio, y en este pasaje lo hacen a través del techo.
El Evangelio de hoy nos hace una invitación a hacer lo correcto, lo bueno, aunque ante la humanidad no siempre está bien visto; podemos pensar cuántas veces en nuestra vida actuamos correctamente, obrando el bien y sin embargo, como le pasa a Jesús, no somos bien vistos, somos juzgados y condenados.
En el Evangelio de hoy vemos a un leproso, consciente de su situación marginal, movido por la fe, pues no otra razón le pone en camino, se acerca a Jesús. Este acercamiento evidencia su fe: cree realmente en Jesús.
Pide a Jesús su sanación, pero sujetándola a la voluntad de Jesús. Y como ha salido del Padre y ha venido al mundo justamente para esto, la respuesta que se le da al que así suplica, no puede ser otra que esta: “Quiero, queda limpio.”
Hoy en día es preciso comprender que la la fe en la vida de cada uno y de cada comunidad es para buscar ese camino, y encontrar a Dios y abrirnos a su bendición; pidiendo para recibir y llamando para ser acogidos.
El texto hace énfasis en que expulsaba los demonios de aquellos que sufrían su posesión. Como dato sobresaliente, vemos cómo Jesús en medio de su actividad sabe reservar un tiempo para orar, para dirigirse a su Padre Dios.
Debemos hacer el bien a todas las personas con las que nos encontremos y no solo a los enfermos. Muchas veces algunas personas acuden a nosotros en búsqueda de una ayuda, pero quizás por temor u otro sentimiento, no les brindamos la ayuda requerida, es preciso resaltar que ayudar al prójimo va más allá de lo material.
Todos vivimos, en algún momento de la vida y por tantos motivos diferentes, un sufrimiento profundo que parece oscurecerlo todo, despojarlo de sentido y alegría. Todos vivimos, en algún momento de la vida y por tantos motivos diferentes, un sufrimiento profundo que parece oscurecerlo todo, despojarlo de sentido y alegría.
Y para todos es una llamada a la compasión, la que requiere coraje para estar con los más frágiles, los que viven sumergidos en sus oscuridades, asumir su debilidad y nuestra impotencia.

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