El amor misericordioso es el único camino que hay que recorrer. Cuánta necesidad tenemos todos de ser un poco más misericordiosos, de no hablar mal de los demás, de no juzgar, de no «desplumar» a los demás con las críticas, con las envidias, con los celos. Debemos perdonar, ser misericordiosos, vivir nuestra vida en el amor. ( Papa Francisco) Retó de hoy no desplumar a nadie, mirarlo con ojos de misericordia.

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
- «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

La Palabra de Dios siempre toca nuestra realidad y hoy el Evangelio, como espada de doble filo, penetra hasta las profundidades de nuestro interior en nuestras relaciones fraternas. Nos habla de nuestro trato con aquellos que llamamos “hermanos”.
Tenemos a uno que se ha hecho compañero de camino, Hermano nuestro, al que como los discípulos de Emaus, muchas veces no reconocemos; con quien podemos estar enfadados porque no comprendemos el sufrimiento en nuestra vida, porque no ha hecho las cosas como las esperábamos.
Ahora que vamos de camino, reconciliémonos con Dios, por medio de Jesucristo, conozcamos su amor y confiemos en Él. Apropiémonos por la fe de la justificación que nos regala para que, una vez que nos presentemos ante el Juez justo y misericordioso, podamos pronunciar esta la hermosa oración sobre las ofrendas que hoy nos regala la liturgia

Lectura del santo evangelio según San Juan (7,40-53):

EN aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».
Otros decían:
«Este es el Mesías».
Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».
Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.
Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.
Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».

La Palabra de Dios siempre toca nuestra realidad y hoy el Evangelio, como espada de doble filo, penetra hasta las profundidades de nuestro interior en nuestras relaciones fraternas. Nos habla de nuestro trato con aquellos que llamamos “hermanos”.
Tenemos a uno que se ha hecho compañero de camino, Hermano nuestro, al que como los discípulos de Emaus, muchas veces no reconocemos; con quien podemos estar enfadados porque no comprendemos el sufrimiento en nuestra vida, porque no ha hecho las cosas como las esperábamos.
Ahora que vamos de camino, reconciliémonos con Dios, por medio de Jesucristo, conozcamos su amor y confiemos en Él. Apropiémonos por la fe de la justificación que nos regala para que, una vez que nos presentemos ante el Juez justo y misericordioso, podamos pronunciar esta la hermosa oración sobre las ofrendas que hoy nos regala la liturgia
Las palabras de Jesús son una invitación a incluir a Dios en la totalidad de nuestra vida. Y en ella cabe la alabanza, la acción de gracias, y también nuestros dolores y preocupaciones.
Las lecturas de hoy nos recuerdan el tema de la oración de petición. Un tema nada fácil, que, a veces es motivo de desconcierto. Las palabras de Jesús invitándonos a pedir, a buscar, a llamar, pueden conducirnos a creer que cuanto pedimos a Dios ha de tener respuesta inmediata.
El texto evangélico concluye con esta “regla de oro”: tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Es la mejor fórmula para no dejarnos intoxicar por la acción de los demás y mantener en nosotros el principio del amor. Es lo que Dios quiere y es a lo que se reduce la Ley y los Profetas.
Busquemos ese silencio habitado, para que encontremos la música de la vida.
Busquemos esa caricia intangible, para que encontremos ese gesto que restaura el corazón. Busquemos los anhelos, para que encontremos los sueños. Busquemos la niebla, para encontrarnos en un baile con la soledad. Que hoy nos detengamos a buscar a Dios, en las cosas simples que en muchas ocasiones pasan desapercibidas por nuestros ojos.
Jesús habla de su generación perversa que pide un signo especial para creer en Él. Jesús le responde que se le dará el mismo signo que a Nínive.
Allí fue Jonás, ahora es el mismo Jesús el que ofrece su perdón si reconoce y se arrepiente de su pecado.
Jesús, en el evangelio de hoy, tiene estas palabras: “Cuando sea juzgada esa generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.
Hoy por hoy debemos como fieles a Dios observar todas nuestras fallas, hacer una catarsis de todo cuanto hayamos dicho o hecho a lo largo de nuestra vida, claro está, que hacer esto no es un proceso fácil ni rápido, toma su tiempo, es más, es de hacerlo todo el tiempo que más se pueda, porque realmente estar al pendiente de todo lo que hacemos y decimos es un hábito algo complejo de tomar, pero cuando una vez logramos ver dentro de nosotros mismo y ponernos en una balanza para ver si somos parte de esa generación perversa, podemos llegar a empezar a cambiar para bien.

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