Nos encontramos ante la pregunta que Jesús hace a sus discípulos y, por qué no, a nosotros: ¿Quién decís que soy yo? Fue una pregunta bien formulada.
Jesús no pasó vergüenza al preguntar; sabía muy bien quién era, pero eso no era lo importante. En Él no había problemas de identidad personal, pero a esto muchos le dieron la espalda y se marcharon sin decir palabra. Y no volvieron más con Él.
La pregunta sigue ahí para cada uno de nosotros. Dos mil años después no caben respuesta para hacernos los de la vista gorda, estaría bien que reflexionáramos un poco sobre ¿Qué decimos sobre la existencia de Jesús? ¿Lo decimos de corazón? o solo por ¿Aparentar que somos buenos fieles?

Hoy el Evangelio nos habla de aquel día en el que se pregunta Herodes sobre la existencia de Jesús diciendo ¿quién es este?, quizás esta sea una pregunta que muchos se hacen cuando empiezan a escuchar el nombre de Jesús el Cristo, porque desde que nació y fue bautizado por Juan el Bautista, la vida de nuestro salvador se ha escrito en la historia y sus enseñanzas aún nos acompañan, pero volviendo al pasado, es claro que Herodes sentía miedo y curiosidad por saber quién era ese nuevo profeta.

Nosotros los bautizados en la Iglesia Católica sabemos que desde ese momento nuestras vidas fueron bañadas con el amor y las enseñanzas de Jesús, por eso, hablar o compartir la santa palabra de nuestro Señor, es dar la oportunidad de compartir la vida y legado de quien nos ha dado la salvación.

El Evangelio de hoy San Lucas nos comparte que proclamad que el Señor es grande. Proclamar el reino de Dios viene innato en nuestros corazones. El gesto de sacudir el polvo de los pies al salir de algún pueblo es expresión de la ruptura con esa población que se ha negado a recibir el Evangelio.
Dios no da la espalda a nadie, sin importar quién seas, Dios no desampara a nadie, pero también es indudable que sus designios han de ser aceptados libremente para que alcancen su eficacia concreta en la vida de las personas.
Aquí podemos preguntarnos, si ¿nuestra forma de evangelizar realmente tiene como fin proclamar el reino de Dios, y que de esta manera nuestros hermanos logren encontrar una luz de esperanzas en sus vidas?
En el Evangelio de hoy encontramos varios mensajes bastantes enriquecedores, por un lado, la respuesta a su llamada: cuando le dice a Mateo que le siga éste no lo duda ni un momento, se levanta de su puesto de trabajo y va tras el Maestro, sin más preguntas, otro mensaje que nos deja es que, Jesús nos da una de las claves de su venida a la tierra: curar a los enfermos, atender a quien realmente lo necesita, salvar a los pecadores.

 

Y por ultimo la frase que toca directamente a nuestras conciencias: "Misericordia quiero y no sacrificios" ¿De qué sirve orar, hacer penitencias e implorar perdón si con nuestros seres cercanos discutimos y vivimos en des armonía?

Evangelio de Lucas, nos invita a adentrarnos en el símbolo de la Luz. De la palabra de Dios como semilla, la luz como símbolo de la predicación de Jesús (8,16). Aquí Lucas toma como referencia las pequeñas lámparas de barro, llenas de aceite y provistas de una mecha, encontradas en las excavaciones arqueológicas.
La dinámica de la gracia y el don de Dios posibilita a todo hombre y mujer a recibir el regalo de la Palabra, cuanto más se profundiza en ella, más y más crece en nuestra vida.

Es un hermoso Evangelio el que San Lucas nos trae hoy, es una maravillosa invitación para predicar la buena noticia que el reino de Dios está entre nosotros, algo que es de resaltar, es que, Jesús no deja de lado a la mujer, incluso les invita andar con sus apóstoles, ya que ellas también eran discípulas de Jesús, le seguían por su sabiduría y por el gran amor que le tenían porque Él les ayudó a despojarse de los demonios que les asechaban. Esto nos permite comprender que Jesús nos da todo para continuar nuestro camino, predicando y llevando su palabra al mundo en gratitud de todo cuanto nos da.

El Evangelio de hoy nos narra cuando Jesús fue invitado a cenar por el fariseo Simón, pero ahí se encontraba una mujer pecadora, que escuchando las palabras de Jesús se conmovió y entro a la casa del fariseo, ella deseaba expresar su cariño a Jesús y lo demostró con sus lágrimas de arrepentimiento, sus cabellos y un perfume. La mujer no comprendía muy bien el perdón de Jesús.

Entonces Simón quedó confundido, pero Jesús le explicó con un ejemplo muy interesante, le habla de dos deudores, uno con mucha deuda y otro con otra claramente inferior. El prestamista les perdona a los dos. Entonces Simón comprende que aquel que tenía mayor deuda le amará más que el de menor deuda, por eso Jesús le dice a Simón “Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”. Y a ella le dijo: “Tus pecados están perdonados”. 

Así tú que estás leyendo esto, ten presente que el arrepentimiento es la única puerta que no se cierra al pecador y que Jesús está siempre dispuesto a perdonarnos cuando lo hacemos de corazón.

Las Hermanas de las provincias de Bogotá y Santafé se congregaron los días 17 y 18 de agosto, para el segundo taller dirigido por la religiosa argentina, de la Congregación Siervas del Espíritu Santo, Hna. Adriana Milmanda.

El 17 de agosto en la tarde, de 2:30 a 4:40 las Hermanas Pastora Marín, provincial de Bogotá y Hna. Nidia Beatriz Mesa Navarrete, provincial de Santafé inician el encuentro.

Para empezar Hna. Nidia Beatriz dirige la oración que toma de la visita del Papa a los Emiratos árabes del 3 al 5 de febrero de 2019, la cual se refiere a la Fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común.

En seguida Hna. Pastora Marín orienta el trabajo que debe realizarse en cada comunidad, con base en lo tratado por Hna. Adriana en el primer taller de abril de este año.

Los puntos que se trabajaron fueron:

1. Tomando la Escala de Bennet, hacia el desarrollo intercultural:

 Yo: ¿dónde me sitúo?

 Mi comunidad: ¿cómo está?

 La provincia: ¿cómo está?

2. El camino de Jesús y su conversión hacia la sensibilidad intercultural. Tomar uno de estos encuentros de Jesús y responder:

1) Encuentro de Jesús con la cananea:

2) ¿Quién es el otro que me desafía?

3) Encuentro con la samaritana:

¿Cuáles son las barreras o fronteras que me pide el Señor traspasar hoy?

4) Encuentro de Jesús con el legista:

¿Quiénes somos y qué estamos llamadas a ser como discípulas de Jesús en misión?

Se dio una hora para el trabajo comunitario y para enviar las respuestas a la secretaría de la provincia respectiva.

Para terminar este día se hizo un compartir espontáneo.

El 18 de agosto se tuvo la conferencia con Hermana Adriana Milmanda, quien inició con el análisis del resultado del trabajo del día anterior. Se detuvo un poco en las respuestas que muestran las dificultades en este proceso: señaló de manera especial el miedo, la desconfianza y los prejuicios. Hay miedos personales y culturales.

Para comentar las respuestas tomó la canción: “La belleza de la trama”, que se encuentra en el siguiente link: https://youtu.be/mCWxIx7MDTY

Las respuestas son diferentes, no hay una respuesta única a las preguntas hechas el día anterior. Son respuestas diferentes, que son respuestas desafiadas a ser entretejidas cada uno con su propio color, con su propio acento; cada una con su propia espesura, con su propio grosor, con su suavidad o dureza.

La variedad es lo que le da la belleza. “La belleza de la trama viene de los diversos”, dice el canto. Cada hebra cada nudo aporta un toque único a la trama.

Al referirse a la escala de Bennet hay respuestas muy diversas por la percepción de cada persona o cada comunidad.

 

Para construir la interculturalidad es más importante buscar, no lo que nos une sino lo que nos diferencia. Porque justamente ahí, es donde hay un quiebre en donde se promueve el crecimiento. Lo que nos une es bueno y ya lo teníamos, mientras que lo que nos diferencia también es bueno, porque nos aporta, ya que no lo teníamos, o nos abre los ojos para darnos.

cuenta que no es bueno porque lo tengo, si no aporta para hacernos crecer. Y si no aporta, lo voy a tener que dejar de lado.

Diferencia entre Inculturación e Interculturalidad. Son dos procesos distintos, igualmente válidos pero distintos.

Las hermanas que llegaron de Francia, lo que debieron pasar en el proceso de inculturación. Eso les dio un potencial misionero muy grande. Hoy estamos llamadas a tener la misma dimensión de fe; esa fe que mueve montañas y que hace traspasar fronteras para arraigarnos en una cultura distinta.

La Interculturalidad hace referencia a un proceso diferente, pero que necesita tanta fe como el de la inculturación. La interculturalidad es necesaria y es un desafío de los tiempos de hoy, como no lo fue antes; porque antes el movimiento del mundo y de la misión era más bien unidimensional. O sea, partía de un punto, en general de un país europeo y se dirigía a otro punto: resto del mundo; desde los países evangelizados a los no evangelizados: los paganos como mucho tiempo se los llamó. Hoy, como nos dice el Papa, ya no hablamos de fronteras geográficas, sino que hablamos más bien de fronteras existenciales, que estamos desafiadas a traspasar como misioneras. Y esas fronteras existenciales existen en todos los países. De manera tal que ya no hablamos de países evangelizados y no evangelizados sino de realidades existenciales evangelizadas y no evangelizadas, de tal manera que el movimiento ya no es unidimensional sino multidimensional.

La realidad de hoy es complejísima y la interculturalidad responde a esa realidad compleja, donde no podemos hablar de “blancos” y “negros” sino donde hay “grises” en tantas tonalidades diferentes. Y es en ese tejido tan diverso donde se inserta la Interculturalidad. Ya las culturas no son sinónimo de nacionalidades sino de toda una gama de diferencias: or ejemplo las diferencias generacionales, como distintas culturas; las diferencias sociales como diferentes culturas.

En los textos bíblicos vemos que Jesús también pasó estas diferencias. Jesús se fijaba en los niños, en las mujeres, dos grupos que no contaban en su tiempo. Se dejó desafiar por la mujer siro – fenicia, en sus cegueras culturales. Porque toda cultura tiene prejuicios.

En las respuestas dadas, se resaltaba como un obstáculo: el miedo. Miedo a lo diferente, la desconfianza y todo tipo de temores que nos cuesta traspasar. Hay temores personales según su forma de ser, pero también hay temores culturales; nuestra cultura nos pone límites. Para salir al encuentro con lo diferente debemos desafiar a nuestras propias culturas. Así le pasó a Jesús: ¿Quién es este que se junta con publicanos? ¿Quién es este que habla con mujeres samaritanas? El Reino de Dios no tiene fronteras, es para todos. Dios no hace acepción de personas (Gálatas 3)

Por eso la Inculturalidad para nosotras, es una invitación de fe para este tiempo. Es una invitación del Espíritu, un Kayrós, un signo de los tiempos, en el mudo de hoy. Un mundo multidimensional por lo que hoy se ha comenzado a hablar en un proceso de Interculturación en un contexto de interculturalidad.

 

Y eso nos pide una Fe como la de los primeros misioneros pos eso la Hermana Adriana se centró en el tema:

INTERCULTURALIDAD Y ESPIRITUALIDAD

Quiero destacar que lo expuesto por la Hermana Adriana está en la línea de lo que afirmó por el XX CGA de Santafé - 2018, en su Mensaje a la Congregación:

“Revitalización interior con la fuerza del Carisma”

“En la reflexión de estos días hemos constatado que la revitalización interior es necesaria si queremos avanzar en la reorganización de la Congregación. Fortalecer la vida espiritual es la base imprescindible de este proceso.

Necesitamos vivir en plenitud nuestra vocación de consagradas, dejándonos impactar por el Dios de Jesús que se hace presente en la historia y nos impulsa a comprometernos en su proyecto de salvación.” (Pgs. 15 y 16)

 La Interculturalidad es un proceso de fe; un llamado a la conversión. Es ponernos en estado de diálogo permanente. Estamos invitadas a través de la Interculturalidad a responder ser un signo profético en el mundo actual, a ser misión de Dios en nuestra historia; pero apelando a dejar emerger de una conciencia espiritual diferente que responda al tiempo de hoy, un tiempo distinto de lo que fue hace 50 , 100 años. Y esto no sólo a nivel personal sino una llamada a ser respondida a nivel institucional. Para eso necesitamos abrirnos a un desarrollo de la sensibilidad intercultural en nuestras familias religiosas. Animando el crecimiento personal de cada uno de los miembros y de cada una de nuestras comunidades. Y ¿cómo hacemos esto?

¿Quién tiene que animar este proceso? Evidentemente más acá de las responsabilidades de un servicio, la animación espiritual es un llamado al cultivo personal de la vocación que cada una de nosotras.

Vamos a hablar de cómo la Interculturalidad nos invita, nos da herramientas para desarrollar personal e institucionalmente este itinerario en el mundo de hoy.

 

 Como vimos en otro momento, la cultura atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida y por eso también una dimensión espiritual que le es propia y característica. La espiritualidad se vive en el contexto de una cultura. El ser humano más que “tener espiritualidad”, cada ser humano “es espiritualidad”. Y las culturas a través de arte, la música, la danza, los ritos expresan la espiritualidad de los pueblos, sus valores, quiénes son y qué buscan. Hoy el mundo de la ciencia está descubriendo la espiritualidad como una capacidad (una potencia) del ser humano más profunda que toda afiliación religiosa; el ser humano es espiritual; tiene esa capacidad innata a desarrollar. Porque la espiritualidad en su sentido más genuino hace a la experiencia de lo sagrado, de la

relación con aquello que nos trasciende. Para nosotras cristianas la relación personal con Dios Uno y Trino, Señor de la historia, encarnado, salvador. Desde la mirada presente la vida espiritual es la pedagogía de la santidad. Es un vivir desde el Espíritu que triunfa sobre mi espíritu. Por eso la espiritualidad es el camino de la plenitud humana. Es vocación propia de la Vida Religiosa, dedicarnos al cultivo de esta vida e relación personal con Dios que nos ama, seduce y envía.

 Sin la Vida religiosa se encuentra en un cambio de época que la está reconfigurando intensa y profundamente. Y dentro de esta reconfiguración que a veces nos duele. Dentro de esta Kénosis se abre a la espiritualidad en sí misma: “…el anhelo por la integración entre lo humano y lo trascendente, no a través del escapismo hacia una vida futura que se ha de asegurar (una simplista interpretación popular que todavía confunde), sino a través del deseo profundo de unión encarnada con Dios quien permea todo lo creado”. (O. Murchu.

Desafío de la espiritualidad de la Vida Religiosa hoy

 

El desafío de la Interculturalidad confronta a la Vida Religiosa en la zona más con su vocación más honda y profunda: encontrar a Dios en la trama misma de la diversidad y complejidad del mundo de hoy. Y ese es un camino muy profundo, muy personal y muy comunitario. Si queremos que la vida consagrada del presente y del futuro sean verdaderamente interculturales es urgente animar y acompañar el crecimiento espiritual de nuestras hermanas y hermanos.es decir, es urgente en nuestras comunidades acompañar el encuentro espiritual con la diversidad: Porque sólo quien se encuentra con su “yo profundo” puede salir al encuentro de aquello que lo trasciende:

 Él, la, “lo otro”

 la realidad, la historia, la naturaleza, el cosmos.

 El Dios Misterio, Jesús y su propuesta.

¿Y nosotras, cómo vivimos hoy nuestro encuentro con lo diferente?

Lamentablemente la práctica de la Vida religiosa, no asegura el desarrollo de la espiritualidad.

LA ESPIRITUALIDAD es el recorrido interno de cada persona que está ligado a su interioridad:

¿Quién soy? ¿Cómo estoy? ¿Qué quiero?

LA RELIGIOSIDAD se refiere más al componente externo de espiritualidad: Normas. Dogmas. Iglesia etc.

El crecimiento espiritual requiere del compromiso personal de cada una de nosotras, él debe ser una decisión y trabajo individual que no se puede delegar en nadie, ni tampoco se puede forzar sobre los otros. La espiritualidad va mucho más allá de la vida de oración. Es una forma de ser en el mundo. La espiritualidad hace el crecimiento integral de cada ser humano:

sexualidad, realización personal; requiere de un desarrollo balanceado entre la inteligencia emocional y la inteligencia espiritual. Por eso la espiritualidad hace al sentido de la vida.

Una Vida Religiosa sin desarrollo espiritual se va vaciando de sentido.

Muchos “sin sentidos” de la vida consagrada van acompañados de un pobre desarrollo espiritual.

El encuentro con El otro, La otra, Lo otro, culturalmente diversos confronta, desinstala, derriba certezas, cuestiona posturas, verdades y miradas, revela puntos ciegos. Que vamos teniendo cada una de nosotras. Por eso, aunque no viviéramos en contacto con otras culturas, hoy tendríamos que salir a buscar hermanos de otras culturas, porque en el encuentro con ellos y sus diferencias vamos a poder ser más humanos en el mundo de hoy.

Sin desarrollo espiritual la salida hacia el otro, el encuentro con la realidad y lo diferente, entonces sí van a ser bloqueados por el miedo.

La confrontación del y con lo diferente nos puede llevar a la alienación espiritual por la que practicamos ciertos ritos externamente, pero donde esos ritos no se corresponden con la verdad más profunda del propio yo y del propio camino espiritual. Seguimos formas externas, cumplimos, pero crecimos muy poco.

O por el contrario nos puede abrir a horizontes ni siquiera soñados, a despojarnos de medias verdades que nos daban seguridad pero que no nos permitían descubrir aquellas dimensiones ocultas a nuestras “antiojeras” culturales.

Es la Kénosis de la vida multicultural que nos vacía de respuestas y nos abre a la conversión intercultural, aunque nos de miedo, aunque nos cueste, aunque nos desinstale.

Una espiritualidad que asume la interculturalidad desde la fe en Jesús asume su propuesta de vida, se cruzan fronteras como un camino pascual y se abre a la acción del Espíritu y a través del extraño nos guía en nuestra transformación personal. Siendo la cultura la que le da las claves fundamentales en la búsqueda de sentido.

 

El encuentro intercultural nos desafía a enfrentar esta búsqueda desde una fe viva y actualizada donde resignificar mi lugar en el mundo y mi propio propósito de vida.

Cuando concibo la Espiritualidad como el trabajo en la interioridad de todo ser humano, sin importar si es creyente o no, CAMBIO DE MIRADA: me constituyo en un ser abierto a la diversidad, gestor de inclusión, respetuoso de las diferencias, administrador de paz y compasivo de corazón, en consonancia con el carisma de Marie Poussepin que pone en el centro la Caridad.

El cultivo de la Espiritualidad que desarrolla en nosotros la Inteligencia espiritual que necesitamos para abrirnos a la sensibilidad intercultural, permite descubrir a Dios en los vínculos, en todos los vínculos; con aquellas que nos llevamos bien, y con las que no nos llevamos bien. Dios se hace presente en la manera como nos tratamos mutuamente.

Me lleva a descubrir que, si los vínculos son sanos, tienen la capacidad de sanar la especie, la creación y el multiverso (no solo el universo). Desde esta ECOLOGÍA INTERIOR que es cultivo de la espiritualidad, concreto la ECOLOGÍA INTEGRAL a la que el Papa nos está invitando.

 

La vivencia de los actos cotidianos donde se rompe la lógica de la violencia, del dominio y del abuso.

Vivir la interculturalidad desde una nueva espiritualidad nos invita a una conversión totalmente profunda, del Yo y de nuestras comunidades.

Por eso necesitamos reimaginar el poder de nuestros carismas para llevarnos al desarrollo de la interioridad personal que nos capacite para salir al encuentro intercultural.

¿Cómo reimaginar nuestras espiritualidades desde la dinámica intercultural?

Algunas pistas:

 Ensanchando los límites del propio crecimiento humano (arte, música…)

 Creando espacios de conversaciones espirituales.

 Releyendo nuestras historias vocacionales congregacionales desde el encuentro con el “otro”.

 Creando rituales, desarrollando reíros y programas que alienten la diversidad.

 Creando y recreando ritos y rituales que promuevan y expresen el crecimiento espiritual de cada persona.

 Detectando heridas culturales y desarrollando espacios de sanación y reconciliación.

 Liberando el propio carisma y tradición espiritual para que pueda ser expresado en las distintas realidades y contextos culturales.

 Animando y promoviendo la resiliencia como la capacidad para sobreponernos y superar la adversidad convirtiéndola en una oportunidad para mejorar.

Todas nuestras familias religiosas han nacido de una experiencia espiritual única. Y si estamos presentes después de tantos años es porque este carisma sigue inspirando a varones y mujeres que encuentran en él un camino de vida.

Una verdadera apertura a la interculturalidad nos va a desafiar, a desinstalar a confrontar y nos va a cambiar.

Pero esa misma transformación es parte del camino espiritual a través del cual Dios se sigue revelando en el mundo y en cada una de las hermanas.

En una humanidad tan vacía de sentido el encuentro entre interculturalidad y espiritualidad a su vez es una oportunidad histórica para reimpulsar nuestra propia espiritualidad y la espiritualidad de la vida religiosa en su conjunto en su diversidad.

 

Hna. Berta Graciela Acero Gutiérrez.

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