El Evangelio de hoy nos hace sentir algo similar respecto del ayuno. Gozar de la presencia del novio mientras esté vivo, una vez muerto ya ayunarán. En un mundo de exigencias, retos y compromisos, en ocasiones, exigimos a los otros lo que nosotros no sabemos dar.
Es importante encontrar nuevos caminos para que la fe se renueve en nuestro interior: a odres nuevos le pertenecen vinos nuevos. Un corazón nuevo para un mensaje nuevo de amor es lo que nos propone Jesús. Restaurar nuestros corazones. Volviendo al ramo de flores cuando uno muere. 

El Evangelio que nos narra hoy San Lucas, nos recuerda cuando Jesús después de predicar la Palabra de Dios, ayuda a unos expertos pescadores que tenían problemas para pescar, pero cuando le dice a Simón que aparte la barca de la tierra y lance sus redes ellos consientes de las pocas probabilidades que tendrían para pescar, pero lo hacen de igual forma, y al ver los maravillosos resultados agradecer al Jesús incluso llegaron a sentirse indignos de la ayuda que Jesús les brindó.

Ahora podríamos preguntarnos ¿Cuántas veces Jesús ha acudido ayudarnos incluso cuando no le hemos pedido nada? ¿Cuántas veces nos hemos sentido inseguros orándole y tratando de dejar nuestra fe en Él? Muchas veces Jesús nos brinda su ayuda y nosotros en medio de nuestro pesimismo y desconfianza no dejamos que su misericordia nos alivie o ayude, cuando confiamos plenamente en Él, cuando nos abandonamos en sus brazos y dejamos que navegue nuestra barca, encontraremos la ayuda que tanto anhelamos.

El Evangelio de hoy nos recuerda como Jesús atiende a quienes necesitan de su ayuda, pero Él no quería que fuese reconocido como una estrella, pues incluso los dominios cuando eran expulsado lo reconocían diciendo “Eres el hijo del mesías”, lo que Jesús enseñaba era que llevaban su palabra al mundo entero, para que así cada uno de nosotros pudiésemos vivir una vida plena en Él, este hermoso Evangelio nos deja una corta pero clara enseñanza y es que podríamos preguntarnos ¿Para qué hemos venido al mundo?, ¿Cuál es nuestra misión en la vida? De esta manera sabremos como encaminarnos y obrar realmente acorde a la voluntad de nuestro Padre.

En el Santo Evangelio de hoy recordamos cómo Jesús predicaba su Santa Palabra, lo hacia todos los sábados en Cafarnaúm, pero había algo que no se podía pasar desapercibido y era su forma de predicar con autoridad, pero si bien, esta autoridad es muy distinta a la autoridad que ejercemos nosotros.
Pues para Jesús la autoridad viene desdoblada del amor, el servicio al prójimo y la humildad, por eso su autoridad impregnaba a la sociedad de asombro y admiración, pues nadie poseía semejante virtud, esto llevó a que muchas personas pusieran sus esperanzas en Él y en todo que lo que les decía.
Hoy en día sus enseñanzas, su autoridad aún siguen latentes en nuestros corazones, es por esto que, nuestras esperanzas viven fuertes en Él, con la fe de que todo cuanto añoramos y necesitamos nos será concedido por medio de su misericordia. Este hermoso pasaje bíblico nos permite una breve, pero sentida reflexión, ¿Cómo ejercemos nuestra autoridad ante nuestros hijos, familia, mascotas y demás? ¿Lo hacemos con amor? ¿Con ira?

Contemplamos hoy una escena del Evangelio de Lucas, que va dar inicio al ministerio de la predicación de Jesús; lo que llamamos con frecuencia “su vida pública”.
Jesús es el hoy de Dios y de su salvación. Él nos ofrece aquello que nuestro coraz El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús para salir al encuentro de la gente y dar buenas noticias a los pobres, anunciar a los cautivos la libertad, a los ciegos la vista y dar libertad a los oprimidos,nos unge y nos envía a cada uno de nosotros.

El Evangelio de hoy lo encontramos en una parábola algo compleja, pero en sí lo que nos trasmite es una parábola para cada uno, puesto que cada uno tiene su talento y capacidad personal que ha de saber utilizar en beneficio propio y, sobre todo de otros.
“El talento es dado por Dios. Sé humilde. La fama es dada por el hombre. Dios quiere que trabajemos en equipo con nuestros talentos, sumando esfuerzos, restando dificultades, multiplicando logros, dividiendo ganancias.
Una forma de trabajo en equipo se refleja en nuestra Iglesia, pues como aquel dicho “la unión hace la fuerza”, todos unidos trabajamos de una forma armónica porque cada uno de nosotros ha sido bendecido con uno o más talentos, y que más hermoso que hacerlo en pro de nuestro Señor.
En este evangelio nos pide “estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor”. Nosotros los cristianos, sus seguidores, sabemos muchas cosas de Jesús, sabemos que por amor ha venido hasta nosotros.
Sabemos que fue capaz de dejarse clavar en una cruz antes de que nos quedásemos sin su buena noticia, sabemos que sigue con nosotros de manera real y misteriosa.
Pero también sabemos que en cualquier momento volverá a nosotros y que por ello debemos estar siempre vigilantes ante todo lo que decimos, hacemos y sentimos, porque para aquel que obre bien las puertas de invitación a su banquete celestial estarán siempre abiertas.
Jesús se enfrenta de nuevo con los maestros de la ley y los fariseos. Son los guardianes de la tradición de Israel y el pueblo respeta sus interpretaciones y decisiones acerca de la ley.
En este caso, Jesús reprueba las prácticas puramente externas que no van acompañadas de un sentimiento interior, sino que muestran más bien una actitud hipócrita. Jesús denuncia reiteradamente la hipocresía a lo largo de su predicación.
En nuestra actualidad podemos hacernos una pregunta ya que nuestras costumbres religiosas han sido enseñadas por nuestros ancestros, pero lo que realmente debemos replantearnos es di nuestra fe es algo impartido o realmente es un fiel sentimiento de amor y entrega a Dios.

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