Si al llegar a la Pascua nuestros corazones no se sienten renovados, puede que sólo hayamos vivido una semana más, hayamos realizado actividades diferentes, incluso a las semanas santas de otros años, pero nada más, puede que hayamos estado en las celebraciones que correspondían a cada día de la semana Mayor. Comenzamos la Pascua, avancemos cada día siendo fieles a lo que hemos visto y oído ¿Sientes a Dios presente en tu vida? ¿Eres consciente de la Promesa de Dios cumplida en ti?

Tengo sed. Se ha cumplido. E inclinando la cabeza entregó el espíritu “. En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo mismo y no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres. En la cruz se expresa la Pasión de Dios por la humanidad. Padre e Hijo se unen en un Amor Crucificado.

¿Qué alcance tiene saber que Jesús murió por mí, a causa mía, para mi salvación? El cristiano sabe que la fe en Jesucristo la vive también como una Pasión paradójica: la del Sufrimiento y la del Amor. Siempre habrá sufrimiento, pero el amor le puede dar sentido, y puede convertirlo en entrega a Dios y a los demás.

Los sacramentos que hoy celebramos no son más que recordando la memoria de las enseñanzas que nos ha dejado nuestro señor Jesús, el vivo ejemplo a través de sus acciones para servir y cuidar de nuestros hermanos, haciendo lo que Jesús hacía con el prójimo, cuidar de ellos hasta incluso dar la vida, dedicarnos en pro de ayudar para que cada quién tenga una mejor calidad de vida espiritual y física. El lavar sus los pies de sus discípulos, fue incluso un acto mucho más elevado de humildad, perdón y amor por sus hermanos, aun sabiendo que en pocos días sería entregado por Judas. En este jueves santo la invitación es a reflexionar sobre ¿cómo ayudamos a nuestros hermanos? ¿somos capaces de sacrificar algunas cosas de nuestras vidas por el bienestar de otros?

El santo Evangelio de Mateo nos recuerda en este miércoles santo el día que Jesús anunció a sus discípulos que su hora estaba pronta y que sería entregado por uno de ellos. Es admirable la forma en la que nuestro Señor Jesús dio siempre lo mejor de sí, incluso aun sabiendo lo que la vida le deparaba, sabiendo quién sería la persona que lo entregaría, pero continuó llevando su mensaje de amor, perdón y arrepentimiento hasta su último respiro. La reflexión de es, ¿De qué manera traicionamos a Jesús con nuestras acciones?

Este martes de Semana Santa vemos a Jesús angustiado porque sabe lo que le viene encima. Ha lavado los pies a sus discípulos, Judas incluido; se han sentado a la mesa y la cena ha comenzado. Los discípulos ni siquiera sospechan los acontecimientos que vienen sobre Jesús, y celebran aquel convite pascual con la alegría propia de la gran fiesta judía que se avecina. Se entregaron a comer y beber, como rudos pescadores galileos que eran, y seguramente, al final de la cena, estarían ligeramente achispados. Tal vez cantaban alguna canción tradicional festiva, además de los salmos e himnos reglamentarios. ¿Somos consecuentes con la fe que decimos profesar y seguir?

El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso y caro que se expande y contagia a los de casa. Ella ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción

Señor Jesús, con este mismo ramo te acompañamos hoy a recordar tu entrada en Jerusalén, con nuestra presencia en el templo dijimos que somos tu seguidores y que tú eres el Rey de los reyes. 

Hoy encontramos nuevamente como los judíos querían apedrear a Jesús solo porque con sus obras quería que las personas amaran y respetaran a su padre Dios como él lo hacía. Estamos en los días previos a la semana mayor y pronto volveremos a vivir el duro proceso que Jesús vivió solo por el amor que sentía hacia una humanidad que no hacía más que pecar, y a quienes les parecía una blasfema escuchar las palabras de nuestro salvador como “Soy hijo de Dios”, palabras que Él demostraba con hechos, aunque nunca fue ese su objetivo, pero el pueblo se negaba a creer. Hoy Jesús no está en cuerpo físico, pero si en espíritu, y cuando dudamos de su amor y nuestra fe es débil el sufre, porque si hoy somos bendecidos de tener la oportunidad de ser perdonados por nuestro Dios, es gracias a su amoroso sacrificio.

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