En el evangelio de hoy Juan nos muestra como María recibe la noticia más grande en la historia de nuestra existencia, en la que Dios enviará a su Hijo amado Jesús, eligiendo a María como su madre en la tierra, siendo comprensible, ella se llenó de asombro, pero con amor y humildad recibió la voluntad de Dios diciendo “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. La invitación para reflexionar hoy es, ¿Cuán dispuestos estamos para recibir a Jesús en nuestras vidas?

Jesús con sus acciones y palabras nos enseña un camino hacia la libertad, a través de convertirnos de personas pecadoras a personas justas, incluso cuando se la vida nos pone ciertas pruebas en ese momento tenemos la libertad de sumergimos en un mundo de pecados o cumplir la palabra de nuestro Padre, con esto nos permite el Evangelio reflexionar en si en realidad nosotros somos los que nos condenamos a la esclavitud del pecado.
 

Este Evangelio nos da un gran mensaje en el que podríamos decir que no podemos encontrar a Jesús desde las cosas mundanas, si no trabajamos para cambiar nuestro mal proceder, no podremos sentir la gloria de Dios en su más bello esplendor, hay que corregir nuestros pecados, buscar la salvación ya es un buen inicio para entregarle un alma pura a Dios cuando le debamos entregar cuentas de nuestra vida.

Si bien era cierto que lo judíos prestaban suma atención a os antepasados de cada persona para demostrar cuanto pertenecían a Israel, San Mateo en su Evangelio nos muestra como Jesús es descendiente de David, es muy común que en nuestra actualidad aún se resalte nuestro proceder, pero hay que tener en cuenta que en cada una de nuestras familias ha existido, existe y existirá por siempre.

Ahora bien, el tema principal de este bello Evangelio es como José en medio de su humildad, sin temor acogió a María como su esposa y tomó el rol padre amoroso y ejemplar para Jesús, cabe resaltar que el Papa Francisco ha declarado este año como el año de San José. La invitación para hoy es a reflexionar si nuestros corazones tienen la humildad como para recibir a Jesús en nuestras vidas, tal y como lo hizo San José.

San José, casto esposo de la Virgen María; intercede para obtenerme
el don de la pureza

Tú que a pesar de tus inseguridades personales, 
supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él,
ayúdame a tener esa misma actitud para responder
siempre y en todo lugar a lo que el Señor me pida.

Varón prudente, que no te apegas a las seguridades humanas,
sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado,
obtenme el auxilio del divino Espíritu para que viva yo también
en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obtenme esas bendiciones para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme, día a día, al modelo de la plena humanidad:
el Señor Jesús.

Amén

Jesús nos dice: “El testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: “las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí”. A lo largo de su vida terrena, el Padre siempre estuvo con él. En el momento de su muerte también estaba a su lado, como lo prueba que al tercer día le resucitó. En este evangelio hay una frase que Jesús pronunció seguramente con dolor: “No queréis venir a mí para tener vida”. Los misterios de nuestra libertad humana. ¿cuán firme y grande está nuestra fe y credibilidad en nuestro salvador, nuestro Señor Jesucristo?

Son palabras esenciales para comprender a Jesús, su autoconciencia, que reafirman esa identificación con el Padre. Identificación en las obras, identificación en el juicio, identificación en las palabras. Es tanto el amor y la misericordia de nuestro Dios, que a través de su hijo Jesucristo, nos enseña a través de la fe a creer en él pese a las circunstancias, aunque por esa razón los judíos querían matarlo, pues llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús cura al paralítico en un lugar tradicionalmente milagroso. Por eso impresiona más la soledad de este hombre. Lleva enfermo treinta y ocho años y nadie se ocupa de él. El gran milagro del cristianismo es la caridad. Que los hombres lleguen a preocuparse unos de otros y se amen realmente como Dios los ama. Esto nos lleva hacernos una pregunta y es ¿Nos preocupamos por ayudar a nuestros hermanos incluyendo los días de descanso?

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